viernes, 30 de marzo de 2012

Endecha

Hace mucho que no se nada de ella,
la he recordado escuchando un tema de Nirvana.
Solía vivir los días junto a aquella doncella,
irritado con sus inquietos hermanos o su curiosa amiga Ana.
Tuve que bajar el cielo para conquistarla,
le entregaba mis brazos en cada pseudotristeza que manifestaba.
Era el precio que pagaba por amarla,
dos otres palabras de aliento y lloraba.
Me sentía un buen consejero, creía ser su guía,
incluso al escuchar la misma historia todos los días.
Donde sea que se encuentre, allí iría.
Un frío beso, y una falsa simpatía me recibía.

Algunas semanas sólo se resumían a nosotros,
nunca reflexionaba sobre el mundo real.
Penaba la indiferencia frente a otros,
ni que hablar de algun cruzamiento casual.
Soltaba mi mano, alejaba su amor,
yo quedaba perplejo, mendigando caridad.
Jamás manifestaba ese gran dolor,
quizá por su misma inseguridad.

Fueron pasando temporadas víctimas de la bipolaridad.
Seguía esclavo de su figura, que comenzaba a mostrar cierta fisura
Mis amigos solían decirme que parecía su bufón,
ciego a su sombra, adoraba verla reír.
Navegaba sin arrojar el timón
hacia una isla que dificilmente podía existir.

De repente, la oscuridad dentro de mí
envió un bendito llamado a la cordura.
Lamentos, bronca y tristeza a partir de allí,
hice de mi pasión casi una tortura.
Puse punto final a su continuo temor,
a mi fidelidad, a mi amor, a los problemas con su padre ausentado.
En pocas horas me confirman su nuevo amor,
testigo faltante para sentenciarme engañado.

El rompecabezas estaba terminado.
El ultimo tiempo se habían visto varias veces.
Incluso en constantes peleas, yo quedaba como hipócrita desalmado.
Mi testimonio sin valor ante los jueces.
comprendí que su corriente temor
no radicaba justamente a las causas que adjudicaba.
sino al hecho de causarme dolor
frente a un panorama que le quitaba

su reputación de niña buena y abandonada.
Entonces junto a mi ruptura dí la señal para avanzar,
quedando yo mismo como malo y ella desahuciada.
Y es así que con la frente en alto salía a caminar
aferrada a la confianza de su nuevo acompañante.
contando a sus amigas el infortunio de haberme conocido,
sin mencionar sus especulaciones incesantes.
sin habermelo advertido.

Nicolás Biaggini

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